Helen Moran   

1925 - 2008

Helen era la hija de unos empobrecidos migrantes Irlandeses quienes llegaron a Estados Unidos a principios del siglo veinte. La colección La Mujer Maya fue establecida en su honor.


Una devota madre de diez hijos, Helen siempre les dijo, “¡Nunca olviden de dónde vinieron!”  La valiente resistencia de los hombres y mujeres indígenas mayas recuerda la lucha de los campesinos irlandeses, que también lucharon contra su opresión durante siglos.

La calidad de la misericordia no es forzada. . .

Helen era una persona cálida y acogedora, y todos disfrutaron de su compañía. Se complació mucho en la conversación ingeniosa con su familia y amigos, pero a menudo fue buscada por su sabiduría y su capacidad de consolar a los demás con palabras amables y una taza de té fuerte. Tenía una tremenda empatía y respeto por los trabajadores.

Helen Collins nació en un barrio irlandesa de clase obrera del Bronx, en la ciudad de Nueva York, en 1925. Fue la hija mayor de Margaret Cronin y Edward Collins, ambos del condado de Kerry en Irlanda. Helen cuidó a sus cuatro hermanos y hermanas menores mientras su madre trabajaba como sirvienta o asistente de cocina en un restaurante. Su padre, que amaba la historia y las obras de Shakespeare, trabajaba como estibador en los muelles, y más tarde como albañil de mármol. Durante la Primera Guerra Mundial, fue reclutado por el Ejército de los Estados Unidos y enviado a Francia, donde luchó en las trincheras de la batalla del bosque de Argonne.

La Gran Depresión de 1929 a través de los años 1930s hizo que la vida de la familia inmigrante fuera extremadamente difícil. El carácter de Helen se forjó en la lucha por sobrevivir a la pobreza extrema y trascender muchos obstáculos. Edward, su padre, no pudo encontrar trabajo y se convirtió en alcohólico. Helen y sus hermanos fueron bendecidos por la tremenda fuerza y ​​el amor de su madre, Margaret.

Una excelente estudiante, Helen ganó una beca para la Cathedral High School de Manhattan, el colegio mejor para niñas católicas de la ciudad. Allí se destacó en sus estudios, y le encantó cantar con sus compañeras en la catedral de San Patricio. Cuando cumplió los dieciséis años, Helen quería abandonar la escuela y conseguir un trabajo para ayudar a su madre a mantener a la familia. Afortunadamente, su madre pidió consejo a una querida amiga, la señorita Drew, quien instó a Helen a completar su bachillerato. Esto lo hizo, y al graduarse se le otorgó una beca completa para la universidad Manhattanville College. (También fue nombrada la muchacha más amable entre todas!) Desafortunadamente, Helen no pudo aceptar la beca universitaria debido a sus responsabilidades familiares.

Helen también era muy hermosa, de piel delicada, cabello negro, y sinceros ojos azules. Una tarde, Malachy Moran, un irlandés del condado de Mayo, quedó cautivado mientras bajaba Helen por una escalera en un baile en el Club Carroll. Pronto él apreciaba la belleza de su carácter, y terminó casándose con ella. Los dos formaron una familia de diez hijos muy felices, sanos, trabajadores y optimistas.


Una tragedia golpeó a la familia en 1970, cuando Helen y Mal perdieron a su hijo mayor, Kevin. La guerra de Vietnam estaba en su apogeo, y los jóvenes de todo el país intentaban terminarla mediante manifestaciones masivas, pacíficas y legales. Pero hubo momentos en que la ira y la frustración se convirtieron en disturbios. Esto ocurrió en abril de 1970 en Isla Vista, un barrio estudiantil de la Universidad de California en Santa Bárbara, donde Kevin era un estudiante. Kevin, como el mayor de los diez hijos, había sido educado para responsabilizarse del bienestar de los demás. En respuesta a una apelación del presidente del consejo estudiantil, salió con algunos amigos esperando detener los disturbios. Trágicamente, un policía asustado le disparó y lo mató. Dos semanas después, durante una protesta contra la guerra en la Universidad Estatal de Kent en Ohio, cuatro estudiantes desarmados fueron asesinados y nueve más heridos por la Guardia Nacional.


La vida de la familia continuó, pero la muerte de Kevin afectó profundamente a cada persona. En los años 1970s y 1980s, Helen y Mal se involucraron en la lucha por la libertad y la paz en Irlanda del Norte. Organizaron muchos eventos para recaudar fondos para apoyar a las familias de aquellos que fueron encarcelados injustamente. También se hicieron activos en el Club Social Irlandés del Valle de Santa Clara, y sus fiestas navideñas irlandesas son legendarias. Muchas de sus amistades más cercanas surgieron de estas actividades.


En sus últimos años, Helen diría que el trabajo de su vida fue criar a personas que harían del mundo un lugar mejor. Sus hijos le aseguraron de que su vida fue un gran éxito, y continúan trabajando por cumplir con esta meta.